sábado, 22 de agosto de 2015

La 'magia' de la universidad (Parte I)

Hoy vengo con un post algo más concreto y puede que más personal también que los que suelo escribir pero creo que me va a sentar bien soltar todo esto. Sobre cómo tu futuro puede verse influenciado según caigas mejor o peor o cómo de bien se te dé hacer la pelota. La magia de la universidad. Sin novedades, vaya. Pero no porque esté más extendido deja de ser tan triste.

Yo siempre he sido una buena estudiante, mi familia lo sabe, mis amigos lo saben, mis compañeros ídem. Y nadie me ha regalado nunca nada. En 2º de bachillerato fue cuando se me ocurrió la 'genial' idea de estudiar arquitectura y tuve que cambiarme de modalidad de bachillerato, abandonando biología y teniendo 2 cursos en 1 de dibujo técnico. Yo no soy ninguna erudita del dibujo técnico ni mucho menos (en concreto con el diédrico puedo dar bastante pena) y hay quién dudó si me merecía el aprobado en las dos asignaturas de dibujo que recibí en las notas finales, pero bueno. En selectividad saqué un 6 en dibujo técnico, que no es para tirar cohetes pero sí para demostrar que a menos que comprara a algún profesor del tribunal, es una nota que me han puesto de manera imparcial. Con todo esto mi nota final para acceder a la universidad se quedó en un 7,28. Estaba contenta aunque siempre se puede mejorar, y más con las notas de corte tan altas que suele haber en carreras como aquitectura, medicina, etc. Pero bueno, logré entrar en Valladolid. Mi primer año no fue demasiado bueno, aunque tampoco fué un desastre absoluto académicamente (saqué adelante 8 asignaturas de 12) si que lo fue bastante en temas de salud. Desde luego, marcó un punto de inflexión importante. De Valladolid me llevo cosas increíbles...amigas para toda la vida, recuerdos de mis años en la residencia, de las fiestas de las universidades...en fin, como experiencia personal no la cambiaría por nada del mundo. Pero no, allí no estaba para pasármelo bien y acumular recuerdos que contar dentro de unas décadas a mis nietos, sino para estudiar.

La escuela de arquitectura de Valladolid tiene muchos años, muchos. Y profesores que casi se fundaron con ella. A veces los métodos de enseñanza se pasaban de arcaicos y los profesores se pasaban a veces de bordes e inhumanos. Creo que hay ciertos límites que no se deberían propasar entre profesor-alumno, y que mientras te argumenten con respeto el por qué has hecho esto o lo otro mal no debería haber ningún problema. Y en fin, esos límites son innumerables las veces que los sobrepasaron muchos sin despeinarse. Al margen de que te trataran como un chicle pegado a una mesa, y aunque los favoritismos siempre están presentes en todas las escuelas, la formación allí sí, era dura y muchas veces el esfuerzo y sacrificio que ponías de tu parte no tenía recompensa académica, pero en cuanto a nivel, salvo matices, creo que estaba bastante bien. Con bien me refiero a alto, con un elevado nivel de exigencia. Entrando en arquitectura sabes que tu tiempo libre se va a ver bastante reducido y cuentas con ello, pero bueno, no sé lo que fue pero yo en mi cuarto año allí estaba bastante quemada con todo, muy desmotivada y pensé que me podría venir bien un cambio de aires porque el problema podría ser la universidad. Así que reduciendo distancia desde mi casa, me dieron el traslado a Toledo...

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